Trasnocho (mucho) y me levanto a unas horas en las que no sé si comer, desayunar o cenar. Al final siempre decido seguir durmiendo hasta que me empieza a picar la curiosidad de ¿cómo estará hoy el mar?. Y me levanto. Y hago la cama (o no). Y me calzo el calzón y me embucho chanclas y toalla. Y las gafas de sol (benditas gafas de sol).
La arena de la playa, donde hundo mis pies, arde como nunca, como siempre. Y el mar, en fin, qué decir del mar. Quizá porque mi niñez sigue jugando en su playa... Porque yo, qué coño, nací en el Mediterráneo. Lalaralalara, lalaralalara... y nado y buceo y juego y me siento bien.
Luego, con la espalda tostada (ojo con el sol), acabo en la piscina. Tumbado en el agua. Sentado en los escalones. Con todos. Solo. Solo con todos. Pensando en mis temas y problemas. En mi futuro (angustia). Por cierto, ya estoy matriculado en Periodismo (Elche, Universidad Miguel Hernández). Veremos qué me espera, en realidad.
Sólo estoy seguro de dudar. No sé dónde ni cómo ni con quién acabaré. Se dónde estoy, cómo y con quien. Y la hora que es. 5:33 de la madrugada. Demasiado tarde como para seguir escribiendo.
Postdata: Desde hace unas semanas (meses?) no sé en qué día vivo. No sé qué día de la semana es. No sé que hora es. No llevo reloj (nunca lo he llevado). No tengo calendario. Tengo mar, playa y unas irremediables ganas de empezar a comerme el mundo. Estoy recargando energía para saltar al vacío. No me importa el futuro, no me importa el trampolín. Pienso girar con piruetas y mortales, salte desde donde salte. Estoy preparado. Agarraos.

